domingo, marzo 26, 2006

Las mentes más puras y sesudas son aquellas
que aman el color por encima de todo.
JOHN RUSKIN

POLICROMA.
Por Juan Pablo Matarredona.

Un día como cualquier otro el naranja pintó mi habitación, me levanté, fui al blanco y descubrí que salía rojo. No era para alarmarme, tal vez era por lo que había entrado un día antes; preferí no ponerle mucha atención. Lo feo pasó cuando volví a visitar el blanco, rojo apareció otra vez. ¡Qué miedo!

Me daba pena decírselo a alguien, pero decidí que lo mejor era preguntar, así que me subí al plateado y me fui. No tardé mucho en llegar, y vi muchos colores, no eran muy alegres, pero tampoco tristes. Cuando llegué hasta arriba pregunté por él, pero me dejaron esperando un buen rato en ese lugar gris. Después de una media hora me dijeron señor de verde y rojo, pase, es hasta el fondo a la izquierda. Caminé, caminé y caminé nueve pasos para llegar al fondo, crucé la café y me saludó el blanquiazul.

Al principio fue muy amable, me hizo muchísimas preguntas para sonrojarme, pero de ese color ya tenía mucho como para querer todavía más. Después revisó, revisó y revisó durante un minuto. El naranja entraba por la ventana y yo preferí ver hacia el blanco de arriba como para fingir que no pasaba nada, me moría de pena.

Luego de checar durante un ratito, blanquiazul me dijo que me podía enrojecer más, que hasta me podía poner negro y que todo era culpa de la señorita de rosa. ¡Me regañó horrible! No hacía falta que me pegara con el cinto ni nada de eso; con las fotos rojas, rojas, rojas que me enseñó fue suficiente como para que me sintiera muy mal. Me puse súper triste.

Cuando salí de ahí las transparentes saltaban desde mis ojos y hacían más brillante el rosa de mis mejillas. Llegué aquí y encendí la blanca –aunque para ese entonces ya se veía más amarillenta– y me puse a investigar. Me indigné muchísimo, me di cuenta que el señor blanquiazul había exagerado para espantarme, se aprovechó de mi inocencia. Pero sí era cierto es que la de rosa tenía la culpa. Le llamé, le dije, le recomendé, le reclamé, pero ella lo negó todo, todo, todo.

Estuve muy triste, triste, triste por días, días y días. Hasta le pedí a Amarillo que me ayudara; en fin, hace mucho, mucho tiempo también tuvo rojo. ¡Muchísimo rojo! Nomás porque nadie le creía. Ah, pero ahora sí, todos (bueno, casi todos) le creen. Unos días después blanquiazul me arregló. Qué chistoso, para quitarme el rojo me tuvo que poner más rojo. Me sentí muy mal, pero todo era por mi bien.

Luego, la de rosa, me dijo que la de azul también expresaba rojo. Me sentí muy ofendido, porque azul y verde nunca nos mezclamos, te lo juro, ¡cómo se atreve a insinuarlo! Pero bueno, lo importante es que ya soy verde otra vez. ¡Qué alegría que no me puse negro!

domingo, marzo 19, 2006

... uno no sabe cómo ni por qué hace las cosas
cuando ha cruzado un límite que tampoco sabe.
JULIO CORTÁZAR, Apocalipsis de Solentiname.

SE OFRECE RECOMPENSA.
Por Juan Pablo Matarredona

No sé cómo la perdí, güey, creo que nunca la voy a recuperar. ¡Ya! Por favor, no me regañes más. Si alguien sufre por lo que pasó, créeme que soy yo. ¡Carajo, te juro que he repasado un millón de veces todo lo que hice ese miércoles! Un miércoles curioso, por cierto, que duró treinta y una horas y no las reglamentarias veinticuatro. Digo, tenía que recuperar las siete que había hecho a un lado unos meses atrás.

Fue un cigarro lo que me despertó cuando ya se hacía tarde. Me quemó el pecho. Cómo iba a pensar que me quedaría dormido mientras fumaba luego de hacer el amor. Temí por mi vida, pero tuve suerte, imagina que no hubiese sido mi pecho, sino la cobija; sería más sencillo saber cómo la perdí.

Junto a mí estaba Paola, tremendamente cuajada, güey. Hasta me daba pena despertarle, si hubieses visto cuán angelical lucía me comprenderías, pero eran nuestras últimas horas juntos, así que debía animarle a levantarse. Lo primero que hizo fue darme una caja que contenía un portarretratos para que pusiese nuestras fotografías. Después una ducha rápida, al estilo de los gachupines (por algo huelen a ajo todo el tiempo), salir a prisa del edificio e introducirnos en el subterráneo, en Acacias. Apenas había terminado la madrugada, todavía no había mucho movimiento en la ciudad. De ahí hasta Alonso Martínez –por ahí trabajaba ella y también estaba el pub que frecuentábamos–, hacer correspondencia con la línea diez para, finalmente, llegar a Nuevos Ministerios. La zona que más me gustaba de sus interminables pasillos era en la que no es necesario caminar porque unas bandas te transportan. Un largo trecho hasta la calle, caminar por Orense, doblar en Hernani y hacerlo nuevamente en General Moscardó.

Subí hasta el séptimo piso por el equipaje. Hubo algunas palabras cariñosas para con la familia, algo había que decir antes de no volver a verles jamás. Los tradicionales besos en cada mejilla y un irreal hasta luego. Nuevamente caminar a Nuevos Ministerios cargados con cuarenta y dos kilogramos de equipaje. Ahora había que tomar la línea ocho, hasta Barajas.

Esos sí eran trenes; un metro de primer mundo, güey, sin división entre los vagones, impecable; bueno, ¡hasta con televisión! Íbamos montados en el primero, en el que va el conductor, hasta el frente. Podíamos ver cómo el túnel se abría ante nosotros. Durante un momento se detuvo la marcha. Estábamos tensos, se hacía tarde para facturar las maletas. Los demás pasajeros se quejaron junto a nosotros, fue un buen momento para socializar con esa gente anónima. Pero no tardamos en movernos de nuevo.

Al llegar a nuestro destino corrimos al módulo de la aerolínea. Afortunadamente el trámite no duró mucho y teníamos tiempo para un café. Fue un momento incómodo, no sabíamos qué decir, quedaban pocos minutos para la despedida. Mientras, hice algunas llamadas a aquellos de quienes había olvidado despedirme, mi prima, por ejemplo. Llegó el momento de ir a la Terminal 1. De pronto, recordé que había olvidado en la cafetería el obsequio de Paola. Regresé a toda prisa y parecía que el objeto ya tenía nuevo dueño. Discutí con el camarero para que me lo devolviese, no me costó mucho trabajo convencerle. Eché a correr hasta la sala de abordaje, un pequeño beso y, de nuevo, un hasta luego. Fue allí donde me quebré. Ahí me tenías fumando y llorando como un empedernido en la pequeña área reservada para los que todavía disfrutamos del tabaco. Un par de mensajes vía celular para terminar de despedirme de mi hermano y de mi prinsssesa. Lágrimas, arrepentimiento, valor. Lo mejor era apagar el teléfono para que no pudiesen disuadirme de no subir al avión.

Un par de horas más tarde llegué a Charles de Gaulle. Ahí sufrí las prisas una vez más. No tenía ni hora y media para caminar de la terminal 2F a la 2C; además, debía fumar en algún momento. En verdad fue complicado encontrar el recóndito punto de encuentro para los que necesitamos nicotina, cada día nos hacen más a un lado. Luego, la desorganizada fila para abordar. ¡Ay, esos parisinos! Un inmenso grupo de adultos mayores (o viejitos, que es lo mismo) que decidieron ir de viaje a mi país e iban cargados de provisiones para alimentarse durante el trayecto. ¿Nadie les explicó que en los aviones sirven comida? Bueno, sí hombre, lo sé; insípida, pero aún así es comida.

De las siguientes once horas recuerdo poco. Muchas lágrimas, tristeza, un libro que me acompañaba, varias cervezas, interminables caminatas por el diminuto pasillo de la aeronave, algunos minutos de sueño. Creo que para ese entonces ya la había abandonado. Me parece haberla dejado al apagar aquel cigarro que me hizo recobrar la conciencia por la mañana. Creo que fue entonces cuando perdí la vida. No sé cómo recuperarla. Por favor, si la ves por ahí avísame, habrá recompensa.

lunes, marzo 13, 2006

Aplauso 13 de marzo de 2006, El Noreste


Lo grave de que la muerte se acerque
no es la propia muerte con lo que traiga o no traiga,
sino que ya no se podrá fantasear con lo que ha de venir.
JAVIER MARÍAS, Todas las almas.



CUÁNTAS VIDAS
.

Por Juan Pablo Matarredona

No está bien que escriba esto, hay cosas que no deben quedar para la memoria colectiva, pero no encuentro mejor método para intentar comprender el atroz acto que he cometido y, por qué no, para confesar mis terribles acciones.

Otrora fui feliz. Cada mañana encontraba a mi lado a esa mujer, mi mujer. Sandra era el único ser que me conocía plenamente, que podía identificar en mí cualquier estado de ánimo, por más que intentase disimular. La compañía más dulce que cualquier hombre pudiese desear: palabras de algodón, caricias de seda y, con ella, los placeres más envidiables para el más radical de los hedonistas.


Luego de haberle visto por vez primera en aquella reunión se convirtió en el lugar común de mis pensamientos, en el fin último de todos, absolutamente todos mis sentimientos. De ahí vino la primera cita en el café, luego un bar de copas, el cine, su casa, el teatro, mi apartamento, el parque, sus labios, el bosque, mi boca, el motel, el rancho de mi hermano, mi cama, su piel… ¡ah, su piel!... La boda de su prima, las caminatas por las calles de la ciudad, la churrería, su aguda mirada, los paseos por la montaña, su espeso interior, mi penetrante calor, la sábana siempre a un lado, su sexo, mi sexo, nuestro sexo… Sandra, yo, su risa, mi alegría, el matrimonio, nuestra vida juntos… La intimidad, la falta de pudor, su entrega, mi pasión, los ojos cerrados, el otro, su desamor, Rubén, una nueva chispa… mi soledad, el olvido.


Al principio ardíamos junto al rojo de los atardeceres, la pasión era nuestro ritual primario. Cada tarde, al volver de la rutina laboral, bastaba con abrir la puerta para encontrar al único motivo de mi persistencia en el mundo. Ahí estaba siempre, sentada en el sofá, leyendo algún libro - de esos que suelo llamar “literatura barata” - mientras esperaba mi llegada. Nuestro mundo se encontraba intacto, apartado de los demás para que sólo nosotros pudiésemos disfrutarlo.

Pero con el tiempo las cosas comenzaron a cambiar. Un martes por la tarde, cuando iba camino a casa, un presentimiento me hizo saber que algo anormal sucedía tras esa puerta del quinto piso. Antes de introducir la llave para abrirme paso a nuestro mundo, me detuve, intenté escuchar, pero no conseguí captar sonido alguno. Segundos después de cruzar la entrada comprendí lo que pasaba, Sandra no estaba ahí. No quise alarmarme; además, a su llegada tres horas más tarde, tuvo una muy buena explicación para su retraso. Pero por alguna razón sus labios no sabían como antes y sus caricias se hicieron ausentes.

A partir de aquel día los rojos atardeceres dejaron de existir, se tornaron monocromáticos. El jueves, de nuevo, faltó a nuestro momento especial. Y así, cada segundo o tercer día, la soledad me embargó. Desde el principio supe la razón, pero no quise aceptarlo hasta mucho después. Rubén era su nombre, nunca indagué sobre su vida. Temía darme cuenta de que me superaba y por eso merecía poseer lo que consideraba mi propiedad. Dejé todo por ella: familia, amigos, conocidos, compañeros. Abandoné una vida por hacer una nueva con Sandra. Al principio consideré que era mejor retenerla, aunque tuviese que permitir el adulterio.

Hay quien piensa que el abandono se produce sólo cuando una persona se aleja geográficamente, y eso es porque no conoce el abandono afectivo. Sandra decidió renunciar a mis sentimientos, despojarme de la emoción que me producía su cariño. ¡Qué sádica postura la suya! Creo que lo pude haber superado de no haber continuado bajo el mismo techo. Pero imagino que disfrutaba ver cómo, día con día, mi alma se hundía en la más profunda obscuridad al notar que su alegría la producía otro ser humano. Me hizo a un lado, me convertí en el objeto de su morbo, y no lo pude tolerar por mucho tiempo.

Nunca me declaré partidario de la venganza, pero no hallé otra manera de corregir esa situación. Mi alma estaba en juego, y era inaceptable ver que esa mujer gozaba por una causa ajena a mí.

Con decir una mentira me bastó para ponerles en situación de cometer un error. Mi supuesta ausencia, con motivo en un viaje laboral, les daría la oportunidad de hacer lo que toda pareja de amantes considera el mayor logro: pecar donde el matrimonio establecido tiene esa costumbre y obligación.

No fue difícil hacerme de un arma; aunque se cuente con poco dinero son de fácil acceso. Mi plan estaba hecho y lo cumpliría al pie de la letra.

— Adiós, querida, si no me doy prisa pierdo el vuelo.

La cafetería de la esquina resultó un buen refugio. Una taza, por favor, bien cargado. Los nervios crecían cada segundo. Más café, por favor. Por la ventana logré ver la llegada de Rubén. No había transcurrido ni una hora y ese ladrón ya estaba ahí. Sólo faltaba darles un poco de tiempo para atraparlos en el momento justo.

Veintitrés minutos más tarde pagué la cuenta, crucé la calle, entré al edificio, subí los peldaños hasta llegar a la quinta planta. La llave en una mano, la pistola en la otra. Quitarme los zapatos. Abrir sutilmente, sin hacer ruido. Caminar hasta la habitación, girar el picaporte, fornicación, gritos, confusión, súplicas, cuerpos desnudos, llanto, un arma, el frío metal, mi sien… ¡PUM!

Fue ahí donde decidí dejar una vida más. El recuerdo de mi muerte siempre les acompañará. Cuando vean sus sexos ahí estaré. Cuando menos así me darán una nueva vida, aunque no sea la más grata.

domingo, marzo 05, 2006

Aplauso 6 de marzo de 2006, El Noreste


Supe en aquel instante que, pasara lo que pasara, nunca podría volver a mis antiguos límites.
ELIZABETH KOSTOVA, La historiadora.

PÉTALO TRAS PÉTALO.
Por Juan Pablo Matarredona.

Cuando desprendí el primero sentí su latido vegetal, no pensé que fuese a convertirse en un vicio. Pero ahí me hallé, desafiando a la estabilidad, renunciando a los placeres dados para abordar ese tren al que muchos catalogan como el de la aventura. No te voy a mentir, tuve miedo, pero la capacidad de auto convencimiento se impuso a los presentimientos. Nada malo podía ocurrirme, mi situación no tenía manera de ser empeorada, pensé.


Es cierto que dudé cuando le vi por vez primera. Es verdad que no supe si debía extraer aquel miembro de su corola. Pero mi inclinación por lo incierto, por lo riesgoso, fue más fuerte que la comodidad a que estaba sujeto.


Los hombres no nos percatamos de la gravedad de nuestras faltas la primera ocasión que las cometemos. Todo lo contrario, creemos que estamos incursionando en un nuevo mundo, más amplio del que conocíamos. Esa novedad pareció extender mis horizontes, darme la oportunidad de demostrarle al mundo cuán capaz soy.


El juego ya había comenzado y todo estaba a mi favor. Ahora debía pasar al siguiente nivel. Le vi, su blancura me agazapó. Pude haber detenido la partida y equilibrar mi situación, pero la soberbia y la ambición me obligaron a continuar. Ya era tarde cuando escuché el silencioso gemido, mis dedos ya le poseían, le había separado del resto. El pánico me invadió, estoy seguro que nadie más escuchó su estruendoso grito, ese imperceptible sonido que trepó intempestivamente hasta mi conciencia; la culpa me invadió, y era mi sentido de la responsabilidad el que me obligaba a hacer algo por corregir la falta cometida.

Nadie me informó que no había manera de recomponerle; de hecho, nadie me explicó la dinámica y las reglas del juego. Fue mi deformada intuición la que me inclinó a jugarlo sin antes pensar fríamente, sin consultar con la autoridad. Intenté devolver cada amputado miembro a su lugar, pero fue imposible.

Era tarde, el grisáceo rumor ya dominaba la escena; sobre las nubes, del otro lado del mundo, había quedado la luz que decidí no aprovechar. Fue entonces que caí en cuenta de que era dominado por una vegetal ludopatía. Y así he continuado, arrancando uno por uno los elementos de su estética, desequilibrando más cada vez su perfecta composición.

Sus alaridos penetran con más insistencia tras cada operación. Ahora yo grito con ella. Una y otra vez… Fuerte, ¡más fuerte! Lo siento, lo vivo, lo padezco… lo… lo sufro. Pero aquí permanezco con mi masoquismo, atentando contra la naturaleza, desprendiendo cada una de las opciones que me plantea… Aun estoy aquí, deshojando la margarita.

domingo, febrero 19, 2006

Las mentiras son muchas, y las verdades ninguna.
JOSÉ SARAMAGO.

EN LONTANANZA.
Por Juan Pablo Matarredona

‘Te amo’ fueron las últimas palabras que escuché a través del auricular. Me conoces perfectamente, sabes muy bien el efecto que pueden producir en mí. En verdad que soy débil, te lo he demostrado constantemente desde el instante en que te conocí. Pero esta vez no consideré apropiado regresarte el cumplido.

Éramos uno mismo cuando lo dijiste por primera vez; sonó tan real. Tu cuerpo desnudo sobre el mío, nuestra pasión desbordándose por cada horizonte de la cama. En verdad teníamos algo. ¡Cómo añoro esos momentos, en los que se evidenciaba en la intimidad que lo nuestro era real!

Antes de lo previsto te había entregado lo más valioso de mi existencia. De pronto te convertiste en la portadora de mis sentimientos, razonamientos y metas. Pero decidiste usarlos a tu favor, dejando a un lado la unidad que constituimos.

Miro hacia atrás. Ahí están, en lontananza, nuestras bondades: Tu sonrisa, tus besos, las palabras que emergían desde tus sentimientos, nuestras pasiones, las discusiones, los sofocadores abrazos, tu cariño, mi alegría… Ahí está todo lo que hemos perdido como víctima de la erosión producida por el engaño.

Otra vez soy el destinatario de tus mentiras. Hasta hace poco la hemorragia se planteaba incontrolable, pero tuve que tomar una decisión. Opté por levantarme en armas para exigir lo que, por derecho, me corresponde. No sé si gane la batalla, pero de algo valdrá la lucha. Espero, cuando menos, corroborar mi autonomía y la libertad de mi albedrío.

Ayer tuve un momento de lucidez que me permitió ver lo que, hasta entonces, no quise observar. No pienso reparar en detalles, lo considero irrelevante, pero en ese instante se vio – a toda luz – que me venías engañando tiempo atrás. ¿Cuánto? No lo sé.

Durante semanas mi entorno se hizo lúgubre, las dudas y la falta de contacto enturbiaron mis pensamientos y sumieron en la espeses mi afecto. Pero decidí creer en ti; las voces ajenas no habrían de afectar más nuestra relación, ya bastante corroída por otras dificultades.

Es difícil aceptar lo que no se quiere. Más complicado aun tomar acciones en consecuencia, pero debo alzar la voz. La retórica ha sido tu más fiel aliada, y mi credulidad tu cómplice. Para todo tienes un pretexto; para todo, una explicación, aunque sea de lo más extraña. Y siempre encontraste en mí un ser que no te cuestionó, hoy esa historia ha cambiado.

La verdad se ha hecho presente – como debe ser en todo caso – y mi fuerza ha sido suficiente para evitarme una pena más. Sé que contabas con la debilidad que siempre te he mostrado. Hoy con tus últimas palabras lograste tocar ese punto, conseguiste mi desequilibrio, pero esta vez la razón le ha dado órdenes al corazón, y no permitiré que fonemas que parecen vacíos de significado me hagan, una vez más, tu servidor.

Ahora serán el tiempo y los hechos quienes dictaminen el curso de las cosas. Los eufemismos, grandes amigos tuyos, no tienen poder sobre mí. Hoy te pierdo, sí, porque es mi decisión. Y no hay manera de recuperar aquello que se desvanece en la distancia, a menos que la mentira deje de ser tu gran fachada.

domingo, enero 15, 2006

Aplauso 6 de febrero de 2006, El Noreste

Nunca nos deberíamos sentir
seguros de aquello que pensamos
ser porque pudiera ocurrir que
ya estemos siendo cosa diferente.
JOSÉ SARAMAGO.


CUANDO FUI “NOSOTROS”.
Por Juan Pablo Matarredona

Después de finalizado el acto carnal, te pusiste de pié. No supe qué buscabas, cuál era la prisa por alejarte de ese lecho del pecado; creo que ahora lo entiendo.

No era la primera vez que hacíamos un intercambio pasional y sentimental, pero aquella ocasión todo fue distinto. De un momento a otro la estética se impuso ante mis pensamientos, y los cánones que marca dejaron de incluirte. ¡Qué irregular forma la tuya!

El problema fue más allá. De pronto dejaste de representar un ser celestial. Lo peor de tu alma brotó ante mí. La falta de criterio se hizo evidente, tu ineptitud se tornó en tu mayor virtud. ¿Cómo es posible que después de tantos años a tu lado, hasta ese momento me haya dado cuenta de algo tan evidente?. Sin siquiera razonarlo dejé de buscarte, me perdí. Afortunadamente no fui el único.

Ahora te comprendo. Puedo empatizar contigo. Tus ojos, desde una posición más alta - pues estabas erguida -, también sintieron repudio por lo que veían posado sobre las sábanas, por aquello que para ti dejó de significar bondad en ese instante.

Esta mañana, antes de abrir los ojos, pensé en ti. Dicen que siempre tendremos presente la última imagen que obtuvimos de alguien, pero no es mi caso. Cuando te rememoro me remonto a tiempos anteriores, recuerdo tu sonrisa inigualable, tu excepcional sentido del humor y ese optimismo con el que te ganas el cariño de la gente.

No pienso en lo que pudo ser, no le veo sentido. Prefiero reconstruir lo que fue. Sólo hay un punto que me acongoja cada vez que asaltas mi memoria: ¿Cómo pudimos cambiar de un momento a otro? ¡Ah, esa eterna pregunta! Y estoy seguro de no ser el único en cuestionarlo.

Los posteriores encuentros, fuesen a causa de la sociedad o de la melancolía, no han sido muy gratos. Comenzamos siempre con una sonrisa, para continuar con recuerdos de ese pasado tan distante, y terminamos – sin excepción – de la peor manera posible.

Agradezco a nuestra profesión el poner trabas a nuestros encuentros; agradezco a la geografía el imposibilitar el acercamiento. Hoy sé que hace años nos perdimos y que cada quién sigue en busca de su propio camino. Ahora entiendo que tiempo atrás dejé de ser nosotros.

miércoles, diciembre 07, 2005

Shock 1 de diciembre de 2005, El Noreste


La incertidumbre es una margarita
cuyos pétalos no se terminan jamás de deshojar.
MARIO VARGAS LLOSA

EL VALOR DE DECIRTE ADIÓS.
Juan Pablo Matarredona

No siempre se tiene algo que decir. ¡Ah, pero qué trabajo nos cuesta aceptarlo! Nos atemoriza la simple idea de quedarnos callados o de no tener algo concreto en mente.

Hoy no sé qué pensar. Incertidumbre, me has hecho tu presa; pero fui yo quien te invitó, quien te dio entrada a mis pensamientos y sentimientos. Es bueno, de vez en cuando, dudar de las cosas, pero hay que conocer el justo medio, hay que tener conciencia de cuánto tiempo debe durar esa sensación para que no se convierta en algo dañino. Creo que en esta ocasión no me preocupé por determinar tu estancia y ahora no sé cómo despedirte.

Dicen que el muerto y el arrimado a los tres días apestan. Y ya te has convertido en un sentimiento hediondo. Recuerdo los regalos que me dio un amigo mucho menor que yo, un amigo con mucha inocencia y sin preocupaciones: Dos mascotas que decidí nombrar Casiopea y Gárgamel. ¿Quién iba a pensar lo mal que podían oler? No me costó trabajo tomar la decisión de eliminarlas de mi vida, ahora están de vuelta a su hábitat.

Nadie quiere convivir con algo que le incomoda al olfato. Pero sí somos capaces de sobrevivir con sentimientos inciertos, con dudas que se encargan de enturbiar los pensamientos. He dejado de confiar en todos, el delirio de referencia es el motor de mis procesos mentales.

¡Calla! ¡Pon la mente en blanco!… 1… 2… 3… 4… Qué diferencia, ¿verdad? Comenzamos a aclararnos. El blanco es el color de la pureza, es símbolo de limpieza e inocencia. Por qué temerle al no pensar, al no hablar.

Hoy me atrevo a decirte adiós. Perdona que sea descortés, pero tu estadía me ha orillado a no prestarle la atención suficiente a aquellos que tienen cosas buenas para mí, a los bienintencionados. Ellos no son los culpables de mi falta de confianza, fui yo quien decidió no tenerla, y estuve en un grave error. Hoy lo acepto y busco corregir.

Ahora me resta luchar por recuperarles, y confío en su bondad para perdonar porque confío en ellos. Este es un gran comienzo… ¡Adiós mal olor, adiós putrefacción! Que tengas buena vida en otros seres, mas no en mí.

Shock 18 de noviembre de 2005, El Noreste


Creo que nunca he rechazado a nadie, de veras.
La gente se me ha ido quedando atrás, eso es todo.
JULIO CORTÁZAR, Último Round.

DE TI PARA MÍ.

Querido Juan Pablo:

Sé que hoy pensaste en mí. Estoy segura de ello porque también me acordé de ti. Hace tiempo no me entero de tu vida porque no quiero enfrentar la realidad; por favor perdóname.

La verdad es que las cosas no terminaron como debía ser, pero creo que no tuve otra opción o, mejor dicho, no quise verla. Muchas veces he pensado en reivindicarme y arreglar lo nuestro, pero no me atrevo.

Hoy tengo miedo de abrir los ojos, de caer en cuenta de que nada ha cambiado, que sigo siendo la misma persona. No es la primera vez que temo, pero sí la primera ocasión que me atemoriza mi condición.

Recuerdo aquella vez en que te dije que te acompañaría a cualquier lugar, que estábamos juntos en todo y por siempre, pero creo que fueron palabras sin meditar. Ahora me doy cuenta de la seriedad de tus objetivos, ahora veo que fui yo quien te engañó.

Trato de ponerme en tu lugar, pero no lo consigo. No puedo concebir cómo decidiste comprometerte a tanto con alguien como yo, con alguien que le huye al futuro. La verdad es que no pensé lo que te decía, siempre creí que tu entusiasmo era tan débil como el mío, tan efímero y pasajero que serías el primero en dejarlo todo a un lado para cambiar el rumbo y olvidarte de los demás. Hoy veo que no, que fui yo quien decidió disminuir la marcha… Fui yo quien nos abandonó.

Sigo tendida en la cama. Mis párpados continúan en posición de reposo. ¿Para qué permitir que la luz penetre por mis ojos? Sé perfectamente lo que voy a encontrar. Frente a mí estará la misma ventana que me permite la visión de un mundo que no comprendo, de un mundo que ya me es ajeno. A mi derecha, la misma mesita de noche con la misma lámpara que cede ante mi petición de darme luz cuando lo requiero. Si miro más allá de ese mueble, sé que puedo ver la pintura de Dalí que siempre te ha cautivado.

Y si volteo a mi derecha sé que seguirás recostado ahí, descansando mientras continúas tu vida; deseando que algún día de estos apriete el paso para alcanzarte en ese largo recorrer que prometimos hacer juntos. Sé que seguirás teniendo fe.

Por favor espera, que ya abro los ojos. ¡Prometo correr hasta alcanzarte! Estoy segura de que seguirás confiando en mí.

Te quiere.
Tu rezagada.

Shock 4 de noviembre de 2005, El Noreste


Aquel que no mire más allá de su propia mente
se verá pronto reducido a la más miserable de
todas las limitaciones, es decir, a sus propias obras.
SALVADOR DALÍ.



LA GUERRA DE ASPERGUER*
Por Juan Pablo Matarredona


Somos bélicos por naturaleza. Pareciese como si no pudiésemos vivir sin encontrar un rival en todo aquel que se planta en nuestro camino. Ni tú ni yo ni Jorge somos la excepción.

Cuando él era apenas un infante, con sólo cuatro años en su haber, se vio amenazado; descubrió que su madre aumentaba de peso. La verdad es que al principio no supo interpretar el cambio físico que experimentaba su progenitora, pero de poco en poco las pistas se presentaron ante sus ojos y su casi nula capacidad de raciocinio alcanzó a interpretar esta metamorfosis: quien lo había dado a luz estaba en espera de un nuevo ser.

¡Oh, Dios! ¿Sería este el prematuro fin de una feliz infancia? Funestos sentimientos lo atormentaron, pero en realidad no sabía muy bien a lo que se enfrentaba. Jorge pasó por una etapa de ecuanimidad, de calma, pretendió convencerse de que su nuevo hermano en nada cambiaría los privilegios que gozaba desde cuatro años atrás, pensó que nadie le daría importancia.

Cuando todo parecía resuelto para nuestro pequeño amigo, el problema llegó a su máxima intensidad: la nueva cría respiró y lloró por primera vez. La novedad acaparó la atención de todos. Jorge se vio desplazado. Desde ese momento no sería tratado de la misma manera, no sería el alma de la felicidad, sólo representaría una pequeña parte de ella.

Qué difícil nos resulta compartir nuestros privilegios con los demás, preferimos la guerra; Jorge optó por la guerra. Lo curioso es que es una guerra en el interior, nos vemos ensimismados y es en el terreno personal donde damos lugar a todas las batallas. ¿Para qué buscar nuevos campos, para qué dar oportunidad a los nuevos contendientes?

Fernando era el nombre del nuevo ser humano que, sin saberlo ni desearlo, se convirtió en el principal adversario. ¡Qué tristeza! A pesar de lo cariñoso que era con su hermano fue orillado al mismo campo de batalla donde se encuentra el primogénito, fue orillado a sus propios pensamientos. De igual manera nos enclaustramos unos y otros.

El temor es el principal factor de nuestras limitantes. Jorge se decidió por el autismo en lo familiar y de esa manera obligó a Fernando a vivir sólo para sí mismo, sus buenas intenciones nunca fueron bienvenidas.

Tú y yo somos enemigos de la interacción, somos enemigos de nosotros mismos. Hemos optado por el autismo social y profesional. Me pregunto si algún día podremos vernos a los ojos y sonreír.

¿Seremos capaces de cruzar el umbral para darnos oportunidad de compartir? Mientras no tengamos el valor de hacerlo nos seguiremos viendo en el campo de batalla. En ese campo donde sólo me encuentro conmigo y donde tú únicamente peleas con tus pensamientos. Abre los ojos, mírame, que ya te he visto.


* Existe un desorden neurobiológico denominado Síndrome Asperger que provoca comportamientos cercanos al autismo y serias deficiencias en la interacción social.

Shock 28 de octubre de 2005, El Noreste


En bien del futuro de la humanidad, espero que seas estéril.
JOHN KENNEDY TOOLE, La conjura de los necios.

INMERSOS EN LA HORA DEL TÉ.
Por Juan pablo Matarredona

¿Quién lo iba a pensar, pero juro que te vi jugando al té?
Fue una experiencia gratificante, muy ilustrativa. Ahí estabas, con tus amigas imaginarias, todas alrededor de la mesa. ¡Qué finas! Y qué lindas conversaciones las suyas.

- Ji ji ji… ¡Ay, manis! Qué bien se ve el doctor Rivera hoy.

- ¿Ya viste? Vienen llegando los Lamantour.

No ha existido en este planeta una sola niña con tanta idea de lo que es ser de alta alcurnia como tú.

Sé que te suena raro, seguro te has quedado atónita, y más porque me doblas la edad, pero es verdad lo que te digo.

No soy un tipo que suela hablar de sus sueños, y lo que te cuento no es uno de ellos. Pero, en verdad, juro que te he visto jugar al té. ¡Y qué bien lo haces!

Algunos critican a la televisión porque no educa a la gente, pero les hace falta verte jugar con tus amigas, con los Rivera y con los Limantour, para darse cuenta de que la tele es una gran institución.

Es más, deberíamos abolir la literatura y los colegios; no enseñan nada, nos complican la existencia. En cambio, el dios televisivo hace lo más adecuado, nos simplifica la vida. Nos da, empaquetadas, personalidades en unas veinte presentaciones distintas. Nos enseña que cualquiera puede hacer lo que sea con el simple hecho de desearlo.

¡Qué ganas tengo de ser actor! Si no fuera por la tele, tendía que combatir enormes adversidades para conseguirlo; pero ella, la sagrada televisión me ha enseñado que puedo serlo. Bastará con hacer el intento de imitar lo que veo a través de su gran ventana al mundo, lo que ella, oráculo divino, me muestra.

¡Qué sencillo! Me aprenderé algunos diálogos de telenovela y con eso he de escribir una puesta teatral. La cochera de mi casa puede ser convertida en teatro, en fin, hay espacio y tiene muchas luces.

¡Ah, un teatro en la ciudad! ¡Y con montajes profesionales! Obviamente porque serán hechos por mí. Ya imagino la noche de estreno: Vendrán los Limantour, los Rivera y vendrás tú. Todos reunidos para continuar jugando al té, para seguir con esos juegos que llamamos sociedad y profesionalismo.

Shock 21 de octubre de 2005, El Noreste


Los silencios, pobres de ellos,
no son más que eso mismo, silencios.
JOSÉ SARAMAGO.

PRIMER LLAMADO A LA CORDURA
Por Juan Pablo Matarredona

¿Qué hago sentado aquí? ¿Qué hago escuchándole? Veo su boca, sus gestos, sus manos, pero no comprendo, será mejor abstraerme en mis pensamientos.

Letras… L, E, T, R, A, S… ¡Con ellas puedo formar palabras! Me han dicho que cada una de ustedes engloba un concepto, que cada una significa algo distinto. Pero nadie me ha explicado lo que acabo de descubrir.

Quién iba a pensarlo, pero ustedes representan sonidos. Sí, las interpreto de la misma forma en que lo hago con lo que penetra mis oídos. Ustedes son muy sabias, saben juntarse en sociedad, alguna vez oí decir que a sus familias les llaman frases. ¡Qué mejor manera para representar las ideas!

Pero hay que saber jugar con ustedes. Hay que conocer la manera más adecuada de acariciarles, hay que ser tierno cuando se está con ustedes. Alguna vez comprendí que cuando no se les trata bien dejan a un lado aquello que llamamos significado. ¡Ah! Por qué tantos no se han dado cuenta de algo tan elemental.

Bla, bla, bla… Le oigo, llegan a mis orejas unos fonemas; intentan trepar hasta lo más alto de mi razón, pero nadie les abre la puerta. Hace un gran esfuerzo por locutar, pero creo que menosprecia a los mejores amigos de las palabras; creo que es elitista con los silencios. Es increíble, sigue hablando, bla, bla, ¡blablando!

¡Silencio! Por favor… Shhh… Silencio…¡Qué bello es! ¿Lo escuchas? Es la mejor música. La música es una gran ruta de escape, te conduce a un paraíso que es único en cada experiencia. En ocasiones quisiera que esta canción nunca terminara; otras, prefiero interrumpirla, me atemorizan cada uno de los elementos que la componen: la calle, el viento, los árboles, las aves, los autos, las pisadas, las voces, las personas, todo, todo, absolutamente todo…me consume, hace que me de cuenta de lo insignificante que soy.

Una vez dibujé un partido de fútbol; no soy devoto del deporte, pero era un ejercicio obligatorio, uno de esos que imponen los docentes con el pretexto de un fin pedagógico. Una toma aérea, muchos puntos la circundaban, dentro del campo coloqué sólo veintidós, pero uno de ellos era distinto, tenía el control.

En el pesero (con “s”, pues se refiere a los pesos) no vi a nadie, sólo puntos…muchos puntos que subieron, se movieron y bajaron, todos entorno a mí…La música, el silencio…La nada…Sólo las voces de la conciencia, las de un ego megalómano. Hace tiempo no escuchaba la música del silencio, hace tiempo no tenía miedo. ¡Qué reconfortante sensación!


martes, julio 12, 2005

It's been a long way

Ya llevo 2 meses en Poza Rica. Las cosas siguen igual...bueno, ni tanto...jejje...
Desde hace rato que no escribo en el blog, pero creo que es sano hacerlo de vez en cuando; si escribiera seguido, esto se convertiría en una rutina más.

Una semana después de comenzar a vivir en la casa (en la calle que lleva por nombre Pozo 13 por el pozo petrolero que está a una cuadra de nuestro hogar) vinieron Fer y Leslie, además, tuvimos a dos inquilinas esos días, unas chavas que conocimos en el hotel y no sé por qué, les dimos chance de quedarse en la casa una noche, lo que se convirtió en 4 noches y 5 días en total. La visita de Fer y Leslie me sentó muy bien, me dio muchísimo gusto que vinieran, a parte, traían una actitud de poca madre, vinieron a pasarla conmigo y a conocer a mis amigos e hicieron click súper bien. Llegarono viernes por la noche y estuvimos en la casa echando los chupes. Al día siguiente nos lanzamos a Tuxpan por la mañana, hacía varios años que no iba a la playa con el Guecko, estuvo chido. Por supuesto que también fueron Víctor, Armando y las inquilinas. Por la noche fuimos al único antro que "vale la pena visitar" en este pueblo...al Don Gabino, y fue la primera noche que realmente he pasado bien en ese sitio.
El domingo casi no pude estar con ellos porque me tocó trabajar casi todo el día. A medio día tuve que ir a hacer enlaces desde diferentes restaurantes de la ciudad...Para mí, hacer eso es lo más pinche del trabajo, pero, afortunadamente, era con la banda de Grupo Modelo, así es que al término de esas 3 horas de chamba, estaba bastante pedo...De ahí tenía que lanzarme a chambear a un evento en Puebla, y Víctor, Armando, Leslie y Fernando me acompañaron a aguantar vara ahí.
El lunes pasó más o menos lo mismo, nos levantamos un poco tarde y me tuve que lanzar al programa, ellos jalaron por su lado, fueron a comer enchiladas gigantes, y tuvieron la amabilidad de traerme un par porque moría de hambre. Cuando faltaba poco por terminar el programa me llamó Fernando para decirme que el coche se había descompuesto y que lo iban a dejar en la calle e iban a agarrar un taxi para llegar a tiempo a ADO porque el camión los iba a dejar. La neta es que ese fin de semana, a pesar de que por la chamba casi no pude ni verlos, disfruté mucho su visita.

Los días pasaron igual que siempre y, para el siguiente fin de semana, llegaron David, Estrou y Gus...Pero antes de ellos llegó, sorpresivamente, Alejandra, chava de CD. Juárez, amiga del Gordo y de Luévano...Una chava de poca madre que, los días que estuvo aquí se portó de 10. Fue sábado por la mañana cuando mis amigos entraron al pueblo...me sentía mal, como crudo, me levanté temprano para recibirlos, vine por ellos a Exa...Me ilusionaba mucho verlos, pero las cosas no fueron ni como ellos ni como yo esperábamos. Ese día tenía una comida de la chamba. Era la conmemoración de los 12 años de la frecuencia; así es que el jefe invitó a todos a comer, pero sin invitados...Sólo permitió que fuera Alejandra; obviamente, porque es mujer...je...Pos tuve que dejar en la casa a mis carnales y lanzarme lo más rápido que pudiera a la comida...Allí fue muy difícil safarse rápido, para cuando regresé a casa, David, Gus y Estrou estaban muy molestos y decidieron subirse al coche y lanzarse a Tuxpan...Problema grave entre todos, nos peleamos como niños de secundaria. Total que los demás nos regresamos a la comida, que más que eso, ya estaba entrando a la etapa "peda"...Después de unas copas por allá, unas cantaditas por parte de todos, el reventón se mudó al Pozo 13...uuuu...Ahí nos tienes a Armando y a mí cuidando a los borrachos en la casa...Víctor y Alejandra, nada tontos, se enclaustraron en una habitación para desentenderse del asunto. La peda fue incrementándose más y más, hasta que llegó el momento en que todo apuntaba a que aquellos iba a convertirse en una bacanal...De pronto, Omar, el operador que suele estar en mi programa dijo que la peda se mudaba a casa de Mayra...nos lanzamos todos para allá, pero ahí el ambiente era más relajado...Después de un rato, Armando y yo retachamos para la casa y nos cobijamos bajo los brazos de Morfeo.
El domingo nos lanzamos para Tuxpan, como mis cuates estaban ahí, les llamé. Quedamos en vernos en la entrada de la playa para lanzarnos al Tajín. Dejé a Víctor, Armando y Ale con el coche y me lancé con mis amigos, en el coche del David, a Tajín...Estuvo chido ir a las pirámides. Al salir de ahí nos lanzamos a Papantla, donde compramos vainilla y unos licores de vainilla. Luego nos fuimos a Tuxpan otra vez, ahí comimos unos mariscos en la Riviera. Por la noche nos quedamos en el hotel que agarraron ahí, vimos un poco del Live 8, jugamos Chuti, echamos unas cubas y platicamos nuestras experiencias. Esa noche la gripa me mató, llevaba mal varios días; de hecho, unos días antes tuve que faltar a la chamba porque estaba muriendo por la alta temperatura corporal que me cargaba...El asunto es que me pegó otra vez...A las 5 de la mañana el Estrou se lanzó de retache al DF porque tenía que chambear.
Cerca del medio día regresamos a Sopa Rica. Nomás pasamos rápido a la casa y el David y Gus me acompañaron al programa. Se chutaron las eternas 3 horas que tengo en cabina y, gracias a ellos, me di cuenta que los niveles de los micros han estado mal todo el tiempo y era un pedo para mí hacer programa. Desde el día siguiente no tengo que matarme tanto para proyectar la voz y no tengo que impostarla tanto porque hablé con el operador y arreglamos el problema del micro. La neta es que así me la llevo mucho más leve.
Al salir del programa nos lanzamos a tomar un café, cosa que casi no hago en este lugar...Ahí echamos una cotorreada súper rica. Esa noche no me acuerdo qué hicimos, me imagino que dormir temprano.
El martes fue un día muy, pero muy bizarro...Llegó el fumigador a la casa y nos despertó para matar a todos los bichos que había...Esa mañana Víctor y todas sus cosas abandonaron Poza Rica. Fue muy muy raro...A Gus y David les tocó la mañana bizarra, pero casi no la degustaron porque se fueron temprano al DF.

Fue complicado venir a Exa para decirle al jefe que Víctor ya no estaba, que ni adiós había dicho. Fuimos a ADO para que nos dijeran si había tomado algún camión y nos informaron que había tomado un camión rumbo al Df a las 8 am. Cuando estábamos en la oficina del jefe, hablando de eso, sacados todos de onda por lo que había pasado, sonó mi celular y era el sujeto en cuestión desde el Aeropuerto del DF. No dio mucha información de lo que pasaba....Por la noche me llamó otra vez para decir que estaba en su casa en Cd. Juárez...Bizarro!!!! A partir de ese día no más Víctor Luévano...El programa de Armando, pos a sacarlo como se pueda y, en la casa, una habitación que se convirtió en estancia....

Este fin de semana fue el primero que salimos sin el Víctor...El viernes fuimos al antro, nos encontramos a unas amigas ahí y luego llegó el jefe...Echamos unas copitas y ahí salió la idea de ser maestros de ceremonias en la graduación de la escuela más "nice" de Poza, el Tepe...Nos dijeron que fuéramos vestidos como nos diera la gana, y así lo hicimos. El sábado nos lanzamos a la graduación con unas fachotas...a la hora de la hora, pos ya no nos pusimos a conducir el evento y, entre que nos piedieron que mejor no por nuestro atuendo y que nos dio verguenza...La opción fue lanzarnos al antro con un cuate que es el encargado de las promociones de Sol. Ahí nos topamos a una amiga...Luego al jefe...La pasamos chido...El fin de semana pasaron un par de cosas que hace rato no pasaban...jajjaja...

Pero bueno...Este fin de semana voy al DF, al parecer, tengo que ponerme a chambear en unas cosas del teatro, porque entran nuevos actores...También voy a ver a toda la banda. Esta vez me acompaña Armando. Tengo muchas ganas de ir para allá, sólo para darme una intoxicada con el smog...

Pos ta bien, ya dejo este post...Hasta la próxima!!!

lunes, junio 13, 2005

Échame a mí la culpa

Llevo más de un mes. Específicamente: un mes y seis días. A veces pienso en el tiempo que llevo aquí y me parece eterno; otras, como un suspiro. Ya tenemos casa. Ya se terminaron las comidas gratis en el Súper Cream.

La chamba me sigue gustando. Toda la gente que ha venido a la cabina nos ha dicho a Víctor, Armando y a mí que parece que nos divertimos mucho en nuestro trabajo; creo que eso habla muy bien de nosotros.

Nunca pensé que trabajaría en algo que tuviese que ver con la música Pop, y ahora resulta que no me molesta en absoluto. De hecho, me ha servido, pues ya sale de mí el verdadero Juan Pablo...Sí, debo reconocerlo, me encanta el Pop!!! No es que el Rock deje de gustarme, todavía me agrada, y mucho, pero durante muchos años, por imbécil, renegué del Pop, y ahora me doy cuenta que siempre me ha gustado. Creo que fue el Concierto Exa en el Auditorio el que me dejó sacar mi gusto por esa música. El segundo día de concierto, por la noche, se juntó una buena banda de locutores de las diferentes plazas de la estación y nos lanzamos todos a un bar de Polanco. Debo señalar que toda la banda Exa, absolutamente toda, es buena onda.
Esa noche me dí cuenta que me sé muchas rolas poperas, y no sólo eso, sino que me prenden y me hacen sonreír. He de aceptarlo, he reprimido muchas cosas de mi ser, simplemente por estupidez. Pero llevo ya un buen tiempo, casi un año, eliminando la mierda que acumulé durante años y que, desafortunadamente, nadie tuvo el valor ni la confianza de advertirme y echarme la mano. Ahora me toca, prácticamente solo, limpiarme, y lo estoy haciendo bien.

La primera visita al DF fue como ir a un sitio ajeno. No tuve tiempo de ver a nadie, sólo pude ver a Mónica, Pri, Xime y Mariana; y muy poco tiempo. La ciudad me pareció muy extraña, como si no la conociese. Pero lo disfruté, disfruté el conocer mucha gente de "la banda naranja" (jeje).
La segunda fue este fin de semana, me lancé sólo sábado y domingo, y la pasé muy bien. Pude ver a los amigos, poco tiempo, pero el necesario para recibir energía para seguir dándole. También salí con casi toda la familia ("casi toda" porque la distancia nos imposibilita juntarnos con Javier). Estuvimos un ratito juntos Jaime, Jordi, Irasema, Montse, mi mamá y yo. Disfruté mucho estar con ellos. Ya llegó el momento en que todos los miembros de la familia vivimos por nuestro lado, y creo que todos parecemos ser un poco más maduros y somos más tolerantes para con los demás.

Sé que este post parece no tener forma: ni pies ni cabeza. Simplemente escribo de lo que me viene a la mente cada instante.

La amistad, sórdido tema...Por cierto, he sido criticado por lo que escribo en este blog...Dios mío!!! Ahora ni siquiera tengo derecho a escribir en MI SITIO, de expresar lo que pienso, lo que siento, MIS SENTIMIENTOS Y RAZONAMIENTOS. De hecho, una persona hasta se metió a mentarme la madre en el post anterior. Hay que saber leer, no opines de lo que no conoces bien, para dejar claras las cosas, me permito aclarar algo, el "Señor Manipulación" no es Luis, es suu "amigo" el baterista, Pontón. En verdad es muy difícil de descifrar??? Ah...por cierto, es asombroso cómo ahora resulta que la gente de la que tan mal hablaron durante tanto tiempo, resulta que ahora es objeto de su devoción. Espero que algún día alcancen la congruencia entre lo que piensan, dicen y hacen...Les haría mucho bien...Pero bueno, hasta aquí con este tema, que ya suficiente he hablado de él y bastante pereza comienza a producirme.

De regreso a la vida por acá. Desde el sábado tenemos casa. Sí, el hotel ha quedado atrás. Falta resolver muchas cosas de nuestro "hogar", pero el primer paso ha sido dado. Es espacioso, pero le falta nuestro toque, que sea algo caluroso y, bueno, una gran mano a todo el sitio; cuando terminemos quedará muy bien, muy bueno para los reventones.

Desde mañana tendremos que apañarnos por nuestros medios para las comidas, pues el convenio con el restaurante terminó hoy. Por el momento no sabemos cómo le haremos para comer, pues no tenemos dinero de aquí a la quincena.

Estoy ansioso por la visita de Leslie y Fernando, espero que en verdad vengan el fin de semana, para que conozcan la casa, estén en nuestro reven de inauguración y nos lancemos a la playita en Tuxpan. Ojalá y en unas semanas se puedan lanzar los demás.

martes, mayo 24, 2005

I have moved....They moved me too

Nuevamente cambié mi residencia.
Hay quien dice que voy de mal en peor: Madrid, primero; DF, después; y Poza Rica, ahora. No comparto esa opinión. Las cosas aquí van bastante bien: Profesionalmente vale la pena, pues la cadena es internacional y, personalmente, la gente me ha tratado muy bien y he conocido personas muy buena onda.
Hay otros dos cuates que también fueron "importados" por Exa Poza Rica. Armando Corrales y Víctor Luévano son de Ciudad Juárez, Chihuahua; sí, de ahí donde matan mujeres. Son muy buen pedo, nos hemos identificado muy chido y nos echamos la mano bastante bien.
Por el momento estamos viviendo en un hotel, pero en un par de días ya nos vamos a mover a un departamento provisional. La paga no está mal; tampoco es lo mejor del mundo, pero sirve para vivir.
A ver cómo se va poniendo el rollo por acá, pero tengo esperanzas en que esto irá mejorando cada vez más.
Este fin vamos ir al DF. Es el concierto Exa, así es que aprovecharé para ver a los amigos, que son pocos, pero de calidad, descansar en casita unos días e ir al teatro para ver Orgasmos, pues Gali ya no está en la obra, ahora es Alma Cero, así es que hay que ir a dar el apoyo y tirar buena vibra.
Las cosas se van prendiendo por acá y vamos pa' arriba!!!

Hace tiempo, hubo quienes se dijeron amigos míos y me traicionaron durante mi viaje a Madrid. No conformes con ello; después de mi regreso a México me ocultaron las cosas durante varios meses, hasta que alguien se atrevió a hablarlo - y a medias -. Cuando hablamos, vengo descubriendo, me dijeron más mentiras. De todo corazón les deseo todo el fracaso del mundo. Recuerden, el karma es muy poderoso y siempre se pagan las cosas malas que se hacen! Neto que ya les tocará, y muy fuerte. Más al "Señor manipulación". Sí, tú sabes que me refiero a tí.

martes, abril 12, 2005

A different kind of pain

Hoy sentí dolor...No cualquier tipo de dolor, uno que nunca había experimentado...Comenzó como un padecimiento físico, una tortura, si algún día me viera obligado a torturar a alguien ya sé cómo lo haría...Aquellos que me conocen bien, pero realmente bien, saben a qué me refiero.
El doctor no tuvo ni un gramo de compasión al someterme a la operación, fue con todo y por todo...Horas más tarde comenzó el calvario, como si saliese lava de mi cuerpo, algo que te quema prácticamente hasta consumirte...Sí, un dolor fuerte en extremo, pero ese sufrimiento físico, ese dolor, trajo con sigo un alivio emocional que lo compensa todo; me trae tranquilidad y estabilidad...Es bueno saber que estoy saliendo de una más...De nuevo me demuestro que puedo salir adelante, que los errores, si no pueden ser borrados, por lo menos pueden ser controlados...

lunes, abril 11, 2005

A new day....a better life

Hay quienes no quieren ver las mejorías, quienes se quedan con los paradigmas..aquellos creen que han llegado a ser mejores personas; pero ¿cómo se es mejor siendo incapaz de ver dentro de los demás?...Afortunadamente puedo ver el interior de quienes me rodean y de los que alguna vez lo hicieron...Ahora me toca una autoinspección pública. Basta a los falsos juicios, sólo uno mismo tiene la autoridad para criticarse.
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